El Septiembre de los amores de verano

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Quererse en invierno es de románticos. Enamorarse en verano, de valientes.

Siempre que arrancamos agosto del calendario, aparece el principio del fin.

El miedo a perder el verano, a perdernos nosotros, la incertidumbre de los nuevos deseos, la duda de desearte de nuevo y la lista de nuevos propósitos que se asoman, pero no se dejan coger.

Agripina Carretero

Y es que viene septiembre a no quitarnos la ilusión, a darnos razones para ponernos a prueba.

A seguir viviendo para no dejarnos matar, ni por el tiempo, ni la distancia.

Que no es lo mismo, que dejarnos morir por los kilómetros y los relojes.

Volveremos a dejarnos un cuarto de corazón en los andenes y media vida vacía en una cama de noventa. Vuelve la maleta de los domingos, las cremalleras que no cierran porque se pillan con la ilusión que ya no cabe entre mis vaqueros.

Vuelve la ciudad que me ha enseñado a ser y no a existir, viene el otoño para probarnos lloviendo, para querernos confiando y para vivirnos mandándonos besos para sentirnos cerca.

Vuelve la tristeza de los ojos que miran por la ventana cuando algo se aleja.

La nostalgia dividida en un beso de despedida, el retraso de los avances por vivir de últimas conexiones y los libros en la mesita sobre cómo sobrevivir a un sin ti.

Empiezan las prioridades y vendrán las consecuencias a darme las buenas noches. Empiezan los otoños de almohadas separadas, la prueba definitiva de si es verdad lo que cuento cuando bebo.

“Me dan a menudo demasiadas ganas de soltarte este tipo de barbaridades pero corro el riesgo de que pienses que no quieres luchar por algo que no tiene complicación, que pienses que sólo merecen la pena los amores que conllevan algún tipo de conquista (…)
(…) así que mejor sigo así, callado, haciéndote pensar que no soy del todo tuyo. Seguro que de ese modo no se te van a ir las ganas de luchar”. (Marwan)

 

Sé que todavía es demasiado Agosto para estar escribiendo que tengo miedo a acostumbrarme a ti.

Demasiado pronto para perder el tiempo escribiendo suposiciones cuando podría perder el tiempo diciéndote que me has devuelto (o mejor dicho, que me has quitado) las ganas de no querer otras manos.

Pero nunca nada es demasiado, cuando tú eres más que suficiente.

y tú,

eres demasiado

y con eso,

tengo de sobra.

2 Comments

  • Maitane dice:

    ME ENCANTA ESTE TEXTO! Cuando lo he leído sabía que lo había leído antes, cuando lo subiste a tu blog anterior llegó en el momento preciso en el que el chico que quería cogió la maleta para ir a estudiar a la capital…

    • Agripina dice:

      En mi caso era yo la que cogía la maleta. Me encanta que fuera tan puntual para ti, y que te sintieras identificada. Muchas gracias por comentar!!!

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