La crisis de los ventipocos

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Aunque suene a tópico, vida sólo hay una. Una dura y bella vida a lo largo de la cual buscamos desesperadamente la manera de ser felices. En el frustrado intento nos encontramos con periodos complicados que llenan de preguntas a los inquietos, de aceptación a los resignados y de posibles soluciones a los atrevidos. Hoy en primera persona, os hablo de la crisis del cuarto de vida.

Los ventipocos. El punto de volar. El momento en el que no hay cielo que sujete tanta realidad y caes al suelo donde crecen las raíces.

Las raíces, otra manera de atarse a la vida, las que te sumergen en una rutina más odiosa que agradecida, pero que tanto de menos se echa cuando la pierdes. Como los amores en paréntesis o los asuntos en jaque. Sirven para echar de menos y después querer mejor.

Nos hemos vuelto inseguros, hemos perdido la espontaneidad, desconfiamos del mundo a corto plazo y nos agobia el dinero que no tenemos pero soñamos con ganar.

Los ventipocos son bonitos, también valientes. Más vale valentía en casa con manta y película que sábado noche y domingo invalido.

Aparece la nueva filosofía cuántica. La de los ventipocos. Esa que dice que los amigos son menos, pero mejores. Que si uno quiere, puede. Aprendes la diferencia entre calidad y cantidad. Aprendes a valorar los días, a valorar el tiempo y a invertirlo con la gente que te apetece. Paradójicamente, una buena manera de perder tiempo para ganarlo en vida. Cuadrar horarios con tus amigos es difícil, nunca imposible pero siempre divertido.

Empiezas a teorizar tu vida, te preocupa el futuro y te cuestionas cualquier posibilidad de éxito y sueños perdidos. Te sigues creyendo más listo de lo que la vida te ha dejado demostrar y la idea de trabajo ideal se reprime en un trabajo cualquiera que te hace sentir mejor. 

Empiezan las decisiones. Maravilloso gran mundo el de las decisiones. O mejor dicho, el de las decisiones mal tomadas. Arrepentirse ya no es darse un beso sin querer, arrepentirse es un pozo con fondo en el que te pegas una buena ostia. Siempre, sin llegar a traspasar cierto grado de importancia, para que en la crisis de los 40 se convierta en un magnífico recuerdo del que reírte.

A los 20 aprendes a distinguir. Antepones tres cañas a diez copas, antepones una conversación interesante a una borrachera sin sentido y una cena con amigos a una cita insustancial con un cualquiera.

Has perdido a gente por el camino que algún día echarás de menos. Otros pasaron al olvido y otros dejaron su cicatriz. Ley de vida, los que marchan y marcan, los que entran pero se van y los que aunque pase el tiempo, te ofrecen su hombro a la hora que haga falta. 

Empezamos a tener ansiedad de futuro y a experimentar su significado. Tenemos nostalgia del pasado y vivir el presente se nos da mal.  Ventipocos es volar con poco margen de accidente. Es caer y perder la confianza en uno mismo. También es volver a ilusionarse, volver a alzar el vuelo y convertirse en invencible.

Busca la manera de llenar esa sensación de vacío e inconformidad que te trae la madurez. Vive con cariño los años que te traen los daños y las lecciones. Sigue creando expectativas, porque te queda el resto de vida para cumplirlas. Vive intensamente y no pierdas la ilusión en cada tropezón que te haga caer. El reloj no retrocede y tienes que ser tú el que avances.

Como cualquier crisis, los veinte se acaban. Aunque te suene a tópico, vida sólo hay una para vivirla con felicidad. 

Cada momento puede convertirse en un recuerdo, los recuerdos ensanchan el alma y el alma es para siempre. 

12 Comments

  • Teresa dice:

    Precioso texto, y como los echaba de menos, no dejes de escribir. Tienes algo que hace que a través de tus palabras todos sintamos lo mismo.

    Un abrazo fuerte!

    • Agripina dice:

      A veces echar de menos es bueno para la salud. Espero que esto haya sido un tiempo muerto para escribir muchas cosas más y haceros un poquito más felices con palabras.
      Un abrazo guapa, y gracias infinitas por pasar por aqui!

  • Marina dice:

    ¡Qué manera de echar de menos tus textos Agri!
    Gracias por volver pisando fuerte.
    Me gustaría proponerte si podrías hacer un texto sobre tu carrera y tu experiencia una vez terminada, el cómo te das a conocer por este mundillo, tanto por internet como por el de los eventos (veo que has ido a MBFW) y qué importancia tiene tener un blog/página web o algún tipo de plataforma, y las RRSS.
    En fin, todo este tipo de cosas. Algunas estamos dudosas, como bien dices “Empiezan las decisiones. Maravilloso gran mundo el de las decisiones.” (Aun que en lugar de tener 20 tengamos 18)
    Gracias infinitas :)

    • Agripina dice:

      Muchísimas gracias por volver a apoyarme y a leerme después del tiempo que ha pasado. Muchas me preguntáis acerca de ese tema, así que me prepararé pronto una entrada intentando explicar todo para sacaros de dudas. Gracias de corazón por comentar, y recuerda que las decisiones son las responsables del mañana. Un beso gigante Marina, a ser felices!!

  • Paloma dice:

    Por Dios, qué bonito… seguramente te mereces más suerte de la que tengas… ojalá, así lo deseo.

    • Agripina dice:

      Oh, mil gracias siempre Paloma por ese apoyo incondicional! Te mando un beso bien fuerte, a ver cuando te veo de vinos por el comendador!!!

  • Eliale dice:

    Hermosa un gustote seguirte ahora acá.

    Me encantó tu nuevo blog.
    Un besote y seguimos en contacto.

    Ya extrañaba leerte un poquito.

    :)

  • Maitane dice:

    Agripina siempre escribiendo tan bonito ♡

  • AgusTina dice:

    Te convertiste en mi modelo a seguir . Tus escritos me llenan el alma , gracias por escribir tan lindo ♥

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